Exposición Mariano Bertuchi


Para un pintor una exposición supone enfrentarse a la realidad de sus cuadros. Ahí están, delante de él, todos sus esfuerzos, sus intimidades, también sus fallos. Es el momento de presentar al mundo sus pensamientos más íntimos. Uno de los grandes miedos de los artistas. Por supuesto también es el momento de cobrar. Otro de los mayores miedos de los artistas. Pero ante todo es el momento para nosotros, los espectadores, de poder disfrutar de grandes obras y aprender del tanlento y legado que nos dejan ciertos artistas.

Aquí nos encontramos ante una magnífica exposición. No enfocada en términos de mercado, si no más bien para el deleite del visitante, pues las obras han sido cedidas desinteresadamente por la familia Bertuchi. Mariano Bertuchi, figura muy importante dentro de la cultura granadina, vuelve de los abismos para encontrarse de nuevo con su queridísima Granada. Parece casi un resurgir bastante poético, ya que siempre fue una figura un tanto olvidada dentro del panorama artístico, y sin embargo siempre presente, pues su talento quedó plasmado en infinidad de sellos.

Dentro de esta exposición podemos recorrer de la mano del artista, gran parte de Marruecos, ese segundo hogar de Mariano Bertuchi. Magistral la manera de tratar la luz, podría decisre que tiene cierta influencia de los blancos de Soroya. Sin tener que salir de Granada, Bertuchi nos transporta al mágico universo de lo mundano. El día a día de la gente de a pie. No son composiciones arriesgadas, ni abstracciones personales. Seguramente su mano era el vivo reflejo del momento que cruzaba delante de sus ojos.

Sus acuarelas aquí expuestas muestran un lado de la pintura relajado, sin tormentos. Una vez delante de sus cuadros, se puede hasta oir el murmullo del mercado, o los pasos de la gente de Tetuan mientras marchan hacia destinos desconocidos. El trato dado al color es de una frescura tal, que podemos llegar a sentir los edificios encalados y oler los perfumes de las ciudades. Es una visión idílica del Marruecos de principios del siglo XX.

Sus composiciones podrían compararse con fotografías. Son de paisajes y pueblos rurales donde conviven la naturaleza y el hombre, en perfecta armonía. Los edificios no violentan el espacio natural. Se podría utilizar la frase hijos de la naturaleza ya que los hombres parecen hechos para el mundo dentro de sus acuarelas.

Ante todo, la gran importancia de esta exposición la tiene el hecho de que haya sido en Granada. El estrecho vínculo que une gran parte de la tierra de Andalucía con Marruecos es perfectamente visible en las costumbres y rarezas de las gentes de ambos pueblos. Los dos son hermanos de un mismo padre, y Mariano Bertuchi fue partícipe de ello, queriendo dar un testimonio tangible. Al ver parte de sus obras reunidas, cualquiera podría confundir las estrechas calles con el Realejo, barrio donde nació Bertuchi. El acercamiento de estas dos tierras debió enamorar al pintor y no pudo más que mostrar al mundo la belleza de sus vecinos.

La suerte que uno puede tener con el arte es que siempre se llevará sorpresas, ya que nunca queda todo dicho, y muchas opiniones caen en el olvido sin tener antes un juicio justo. Es el caso de Mariano Bertuchi, que sin aparecer en los libros de arte, aún puede llegar a sorprender.



YOUniverse


Arte, tecnología. Se han convertido en inseparables. Era de esperar. El progreso no deja a nadie de lado. Seguirán los fotógrafos revelando en blanco y negro. O los pintores pintando en lienzo. Sin embargo no podemos negar que el progreso tecnológico también trae consigo nuevas formas de expresión. Muchos critican la idea de que se pierde la esencia de las técnicas tradicionales como el óleo o el barro. Sin embargo el artista busca el medio más eficaz y el que mejor le ayude a plasmar sus ideas. Cuanto mayor sea el abanico de técnicas, más posibilidades le ofrece al artista y para tener éxito.

Otro factos es la capacidad de asombro del espectador. Hoy en día es cada vez más difícil asombrar e inquietar al público. El arte se ha convertido en algo que nos rodea. No existe un público en concreto. Los museos se han convertido en reclamos turísticos, y esto ha acercado cada vez más al público general. Por ello los cuadros son algo común. Por ello esta exposición contiene una gran dosis de originalidad. Sabe que es importante dejar una huella en el espectador. Por ello recurre a las nuevas tecnologías. A nuevas formas que el espectador ni se podría imaginar. Lo importante es que el público se olvide de que lo que está observando son una serie de códigos introducidos en un ordenador y simplemente se rinda ante la belleza visual.

Es el caso de T_Visionarium. Aquí el arte y la tecnología se funden a favor del espectador. Simplemente hay que disfrutarlo puesto que no tiene otro fin. El público interactua con la obra, dándole vida a la vez que sorprende. El montaje es espectacular y deja a quien lo visita totalmente fascinado. Se olvida por completo que está dentro del palacio de Carlos V.

Todas las nuevas instalaciones tienen ese reclamo. Para ello hasta el más mínimo detalle está controlado. Dentro de la exposición la luz tiene que tener distintas intensidades, dependiendo de la obra. El artista también tiene en cuenta el lugar donde se va a exponer y lo incluye como factor a la hora de crear su obra.

La conclusión a la que llegamos es que aunque se utilicen complejos mecanismos o materiales inimaginables, el mensaje siempre debe ser claro. Ya sean pinturas o libros flotando en una pecera, toda obra de arte esconde un mensaje, una historia. Son extensiones del artista. Pequeñas pistas hacia un mundo infinito. Por ello no siempre se tiene que valorar el material del que están hechos, si no analizar la intención y reflexionar sobre el mensaje. Toda obra de arte lleva una intención. Por ello debemos ser como detectives en busca del pequeño guiño que nos hace el artista. El futuro y la tecnología avanzan a grandes pasos. Sin embargo el corazón del ser humano sigue latiendo al mismo ritmo de hace mil años.




Ilan Wolff. Realidad o Ficción


La fotografía muestra la realidad. La pintura, la ficción. La fotografía nos enseña el espejo de nuestros ojos, retándonos a creer que lo que vemos es verdad. Con la pintura el medio imita las formas que tiene delante, invitando al observador a sumergirse en un mundo subjetivo donde las leyes no tienen cabida. Caos y orden bajo el mando del pintor. Pero, qué ocurriría si dos realidades completamente distantes encontrasen un punto en común. Al igual que dos paralelas se unen en un punto determinado, la pintura y la fotografía tienen su encuentro en la obra de Ilan Wolff.


Este fotógrafo empezó como cualquier otro fotógrafo. Con una cámara en mano. Sin embargo su trayectoria cambió de manera drástica cuando conoció la cámara estenopeica o camera obscura. Todo lo aprendido lo redujo a la forma más básica de fotografiar. Un recipiente oscuro, un agujero y un papel fotográfico. Parece limitado, sin embargo Ilan Wolff ha sabido exprimir esta técnica tan precaria hasta el punto de acercarla a las nuevas tecnologías fotográficas.

Pintura y fotografía, este artista contempla la realidad como un lienzo donde su imaginación no tiene límites. Juega con los químicos como si fuesen óleos, olvidando las bases fundamentales de la fotografía más estricta. Al igual que Man Ray experimentó con sus fotografías para crear solarizaciones o fotogramas, Ilan Wolff ha vuelto a los inicios de la fotografía para contemplarla como un nuevo arte. No necesita ni ampliadoras ni cronómetros. La propia experiencia y el constante trabajo han conseguido que pueda manejar la realidad a su antojo, mezclando rastros de revelador con partes anteriormente fijadas, causando así escenas desconcertantes donde el espectador se encuentra con edificios tan emblemáticos como la Torre Eiffel en ángulos imposibles. Su magia convierte el puerto de Almería en un cuadro futurista.

La exposición de Granada puede que tuviese pocas muestras de su arte, sin embargo nada más entrar en la sala la fuerza de las escenas que retrata inunda el lugar sin dejar un espacio libre para la mediocridad. Monumentos famosos, edificios anónimos, todas las tomas son tratadas con mucho cuidado, donde sin advertirlo aparece su imagen en la plaza de la Bastilla en París. O el museo Guggenheim de Nueva York, en un principio redondo, se deforma hasta parecer una maqueta constructivista. El misterio de la cámara estenopeica golpea en las cabezas de todos los espectadores que se preguntan, cómo es posible.

Por ello esta técnica siempre seguirá vigente, pues nos desafía a entender que la fotografía no siempre es lo que el ojo ve. También puede llegar a ser lo que la mente cree ver.




José Guerrero . Los Años Primeros

Buscar, encontrar, explorar, perderse… Todas estas palabras pueden sonar a situaciones. Buscar un objeto, encontrar una calle, explorar una zona o perderse en el bosque. Sin embargo si llevamos estas palabras a un plano más abstracto, perfectamente podrían encajar con la descripción de José Guerrero. Un pintor con ansias de buscar para encontrar soluciones a sus más profundas inquietudes. La necesidad de explorar nuevos caminos expresivos al margen del convencionalismo. Y finalmente perderse en un vasto mundo sin límites llamado abstracción donde todo vale dentro de unas normas muy estrictas que sólo el pintor establece y modifica a su gusto.

Esta exposición es un claro ejemplo gráfico de la búsqueda insaciable del artista. Su evolución artística y personal van de la mano a lo largo del camino. Es innegable que el artista madura a la vez que su obra. Son uno mismo. Sus pinturas se convierten en una extensión de sí mismo. Hablan por él, se expresan y cobran vida propia una vez terminadas. Sus primeros cuadros nos narran los inicios de José Guerrero; cuadros de paisajes, del agua, la zona que le rodea. Nos muestran la chispa de la inquietud de éste artista. Cada persona tiene la imperiosa necesidad de contar lo que ve y describirlo tal y como lo siente. Unos eligen el lenguaje, otros la pintura, o el cine. José Guerrero decidió pintar para compartir su sensibilidad con el resto de la gente

Gracias a esta exposición podemos profundizar en la evolución de este artista granadino. Desde sus inicios hasta sus conclusiones más abstractas. Muy pocas veces una retrospectiva muestra de una manera tan precisa el cambio y la trayectoria de un pintor. Sus inquietudes, sus manías. Todo se ve reflejado en sus cuadros, que se convierten en la voz del artista.

Mirando las retrospectivas de los artistas, un alumno consigue entender el gran camino que ha empezado a emprender, cuando decidió dar su vida por el arte.


 

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